Brahms: Variaciones sobre un tema de Schumann, Op. 9

Escrito por entre88teclas en Brahms, Johannes

 

 

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              Para hablar de esta obra citaremos un artículo de Denis Matthews publicado en su “Guía de música para piano de Brahms” dentro de la colección “BBC Music Guides”: 

 

               “Cinco meses después de que Brahms se presentara a la familia Schumann, la salud mental de Robert Schumann se desplomó. Su intento de suicido fue descrito en una carta de Albert Dietrich a Joachim (28 de febrero de 1854):

                “En una carta reciente a Brahms le insinué que Schumann padecía desórdenes de tipo nervioso. Esta situación ha empeorado día a día; oía músicas continuamente,a veces de la más hermosa pero a menudo angustiosamente espantosa. Después se sumaron a ellas unas voces fantasmales…”

                Los restantes dos años y medio de la vida de Schumann no los vamos a relatar aquí, pero citaré en detalle una carta suya dirigida a Brahms, que nunca fue enviada y que permaneció oculta durante mucho tiempo. Se trata de una apreciación extasiada de las Variaciones sobre un tema de Schumann, Op. 9:

                “En todas las Variaciones se evidencia que has estudiado contrapunto intensamente. ¡Qué tiernas, qué originales en su magistral expresión, qué ingeniosas cada una de ellas! ¡Cómo me gustaría escucharte a ti o a Clara interpretándolas! ¡Y además, qué maravillosa variedad! La tercera, cuarta, quinta y sexta, con su retrogresión en la segunda parte. La siguiente, Andante, qué tierna; la octava , con su hermosa segunda parte. ¡Después la novena, qué forma tan hermosa; la décima, cuán llena de arte, qué tierna; qué original y delicada la undécima, y cuán ingeniosamente se une a ella la decimosegunda! Y luego la decimotercera, con sus dulces tonos metafísicos, y siguiéndole el Andante, con su ingenioso y artístico canon en segundas, y la decimoquinta en Sol bemol mayor, la decimosexta, hermosa y bienaventuradamente en Fa sostenido mayor.”

                Schumann nunca envió estas líneas y las sustituyó por una carta de agradecimiento más moderada. El tema suyo en cuestión era el primer “Albumblatt” de un grupo mixto de piezas titulado BunteBlätter, op. 99. Brahms trabajó en las variaciones durante el verano de 1854. La crisis le había acercado aún más al círculo familiar, y el epígrafe “Pequeñas variaciones sobre un tema de él, dedicadas a ella” demuestra el nivel de íntima amistad. Para reforzar aún más la dedicatoria, Brahms incluyó una sutil referencia a un tema de ella, como le explicó a Joachim (el 12 de septiembre): “Mis Variaciones incluyen dos nuevas ¡y en una de ellas habla Clara!” La variación a la que se refiere es la décima y el tema de Clara, citado en una voz intermedia en los compases30-31, ya había sido el tema de los Impromptus op.5 de Robert Schumann. Para mantener la obra incluso más “dentro de la familia”, la variación anterior de Brahms había adoptado y adaptado el segundo “Albumblatt” del Op. 99 de Schumann.

                Estos gestos personales, concordaban con el clima romántico del Carnaval de Schumann y apenas pueden influir en la valoración fundamental de una obra de arte por parte de los no iniciados. Otras variaciones parecen homenajes más explícitos al estilo de Schumann: el staccato en la mano izquierda de la nº 2 quizás haga referencia al primero de os Estudios Sinfónicos, y los expresivos arpegios de la nº 15 apuntan tal vez a la sección en La bemol de su Concierto para piano. Sin embargo, la carta no enviada de Schumann mencionaba en primer lugar el contrapunto. Las ingeniosas inversiones y los tupidos cánones son el resultado de los continuos estudios de Brahms, más fluidos y modestos que las aventuras contrapuntísticas de las sonatas.

               La forma variación exigía más, por supuesto: ser fiel a la estructura y fraseo del texto, pero sin impedir una gradual expansión armónica. Había que llevar puntualmente a término una figuración o textura, y elaborar el carácter de cada variación teniendo en cuenta la forma de la obra en conjunto. El grado de libertad permitido era cuestión de la conciencia del propio compositor y en esta serie de variaciones, Brahms realizó algunas ampliaciones y comprensiones más libremente que, por ejemplo, en las más tardías sobre un tema de Handel o en las de Paganini. Esto se correspondía al concepto formal más romántico del propio Schumann. ¿O acaso la conciencia clásica de Brahms aún no había despertado?

                El tema, en Fa sostenido menor, es tiernamente nostálgico, y la última variación “bienaventurada” resuelve sus anhelos con un ppp diminuendo en la tónica mayor. Sin embargo, también es un tema sólidamente formulado en frases de cuatro compases y Brahms siempre elegía temas parecidos como punto de partida. La canción húngara del Op. 21 nº 2, exóticamente irregular, y las frases de cinco compases del tema llamado “Coral de San Antonio” también están, cada una a su manera, bien definidas. La rearmonización que hizo Schumann al reexponer sus primeros cuatro compases (del 17 al 20) tenía un precedente extraordinario en el movimiento lento de la Sonata para violín y piano en Do menor de Beethoven (compases 20-22) la obra que Brahms tuvo que transportar un semitono hacia arriba durante una gira con Reményi. Como los compases de Schumann se dirigían hacia La mayor, y el tema de Beethoven estaban en La bemol, los dedos de Brahms deben haber sentido que “ya habían estado allí antes”.”


Denis Matthews, Brahms: Música para piano, BBC Music Guides

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Federico Mompou: Canciones y Danzas

Escrito por entre88teclas en Mompou, Frederic

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     Federico Mompou nació en Barcelona en el año 1916 y murió el 30 de junio de 1987. Se puede consultar una biografía detallada en la web www.fredericmompou.es

Canciones y Danzas

     Las Canciones y Danzas constituyen una parte extraordinariamente importante de la música de Mompou.

     El propio Mompou consideró que su obra se podría dividir en tres grupos, en el primero habría que considerar las piezas donde subjetivamente describe la esencia del paisaje rural catalán: Suburbios, Escenas de niños, Fiestas lejanas; En el segundo, las que se inspiran en la naturaleza (oculta y misteriosa se podría decir): Charmes, Cants Mágics, Música Callada; y en el tercero aquellas vinculadas directamente al folklore catalán: Las Canciones y Danzas.

     Como referencia bibliográfica sobre esta obra, Canciones y Danzas de Federico Mompou, es obligatorio citar el libro de Nicolás Méeus “Federico Mompou, influences populaires et téchnique savante dans son oeuvre”, en la que el autor dedica 300 páginas a su estudio. Méeus habla de la confluencia en la obra de Mompou de la técnica culta y la inspiración popular.

     En 1921 escribió Mompou su primera Canción y Danza. En total, son 13 para piano y una para guitarra. Hablaremos de las 13 para piano. De éstas, hay dos que son completamente originales, la nº 5 y la nº 6. La número 3 es original en lo que corresponde a la danza. Entre las demás, sólo en una utiliza temas ajenos al folklore catalán, en la número 10 donde utiliza dos Cantigas de Alfonso X El Sabio. Por tanto, en las restantes 19 (canciones y danzas) utiliza temas populares catalanes.

     Dice N. Méeus que Mompou no realiza una armonización de los temas populares, sino que son “una recreación de la música popular…”

     La Canción y Danza nº 1, (1921) se basa en la canción “La filla del Carmesí” y la “Dansa de Castelltersol”. En la canción Mompou ajustó la forma suprimiendo dos repeticiones del primer motivo, para darle la equilibrada estructura motívica de AABB.

     En 1918 empezó a trabajar Mompou en la que sería la Canción y Danza nº 2, que reúne la canción “Isabel” y la danza “Galop de cortesía”. La canción original trata del rapto de una doncella. Existen numerosas versiones populares en Cataluña y Mompou nos la presenta con cierto carácter nostálgico.

     En la Canción y Danza nº 3, utiliza “El noi de la Mare” y una sardana original. La canción original tiene doble carácter como canción de cuna y como villancico. Habla de los regalos que se le ofrecerán al “niño”. Mompou trató esta canción en un estilo más polifónico que otras. La danza, según N. Méeus, es “testimonio de una rara aptitud por parte del autor, para asimilar el folklore de su región”.

     “Lo mariner” y el “Ball de Ciri” son la base de la Canción y Danza nº 4. La canción popular trata de una historia de rapto.

     Como ya hemos dicho, la Canción y Danza nº 5 es completamente original, y lo curioso, es que fue concebida, en 1942, durante un sueño de F. Mompou. Según cuenta Clara Janés en su libro “Federico Mompou, Vida, Textos y documentos”: “hallábase el músico en una bodega medieval de alto techo y grandes ventanales. En torno y sentados en largas mesas que envolvía una luz ocre, una gran multitud de hombres de rostro encendido charlaba animadamente mientras bebían vino. Allí mismo, y a la vez enormemente distante, Mompou, sentado al piano tocaba aquella música de la que se ha dicho evoca el arte de los vihuelistas del Siglo de Oro, y que figura entre sus obras más significativas.” Según S. Kastner, “también se manifiestan en la red armónica de esta canción los pujos polifónicos del autor, explayándose en sutiles secuencias, imitaciones y contramotivos.”

     También original es la Canción y Danza nº 6. Quizá sea esta la que tiene una mayor popularidad. Según Méeus, “la melodía es típicamente catalana, preñada de lánguida tristeza y contrasta perfectamente con el ritmo sincopado de la “rumba” que figura a continuación.” Y según S. Kastner “una canción triste, lánguida de más no poder”.

     La canción y danza nº 7, está compuesta a partir de “Muntanyes regalades” y “L´hereu Riera”. De la canción, Mompou toma de entre la cantidad de versiones existentes la versión más extendida. Pere Vidal en la “Guía de los Pirineos Orientales” dice: “Esta canción es tan inherente al país como la misma tierra; no hay un solo habitante que no haya cantado la melodía si no recuerda la letra…”

     “El testament d´Amélia” y “La filadora” son la “piezas” que tomó como base para la Canción y Danza nº 8. “El testament d´Amélia” es una canción típicamente caballeresca cuyo tema es dramático, una joven que se deja morir al ver que su propia madre le ha robado el marido. Ésta contrasta fuertemente con la Danza, mucho más alegre.

     En la Canción y Danza nº 9, Mompou utiliza la canción “Lo Rossinyol”. En la Danza, casi original, utiliza un tema popular del pueblo “Prats de Molló” en sus compases centrales.

     Como ya se ha comentado, en la Canción y Danza nº 10, Mompou utiliza dos Cantigas de Alfonso X El Sabio.

     Dos temas, “La Patum” y “Turcs i cavallets” se reúnen en la Canción y Danza nº 11. La canción tiene un carácter solemne mientras que la danza es como un alegre baile que simula una pelea entre cristianos y turcos donde estos últimos son vencidos.

     En la Canción y Danza nº 12 tenemos como base popular a “La dama d´Aragó”, “La mala nova”. La canción se basa en un hecho histórico. Según supone el folklorista Manuel Soleville, por su melodía, ha de ser anterior al siglo XVI.

     La número trece está escrita para guitarra.

     La última para piano, se basa en el tema folklórico de “Quan jo n´era petitet”.

  La brevedad es un rasgo común a todas las Canciones, ya que ninguna dura más de 20 compases. Esta brevedad es a su vez rasgo común en la obra de Mompou y en la música popular.

     Otro rasgo importante en la música de Mompou son los “acordes ambiguos”, aquellos cuya tonalidad no puede definirse claramente. N. Méeus dice: “No es raro, en efecto, encontrar en Mompou acordes de séptima de dominante sobre la tónica en el tono de tónica y de dominante, en razón respectivamente del grado en el que se sitúa la forma”.

     Según Clara Janés el empleo de los elementos de raíz popular es lo que da a la obra de Mompou una apariencia impresionista. Sobre esto y en palabras de Gilbert Chase: “Muchos de los nuevos procedimientos que parecían invención de los impresionistas, eran corrientes en la música popular española (como) la tendencia a las armonías y melodías modales, la ambigüedad tonal, resultado del empleo frecuente de falsas relaciones y cadencias rotas, el uso sistemático de quintas sucesivas, las apoyaturas no resueltas, la complejidad métrica por cambios frecuentes de compás, y la simultaneidad de rítmica diferente.”

     Terminamos este somero repaso de las Canciones y Danzas de Federico Mompou citando a Santiago Kastner, en su libro “Federico Mompou”:

     “Mompou es de los grandes poetas de la música; su lugar no está entre los prosistas prolijos del arte sonoro. No es Mompou más pequeño que los prosistas sinfónicos por haberse dedicado también a la composición de dilatadas formas musicales. El arte no consiente criterios que se dejan guiar por el tamaño exterior de las obras. Es la calidad lo que importa. Vale más una miniatura perfecta que un enorme lienzo embadurnado…”

“…Desde luego, las “Canciones y Danzas” de Mompou existen para ser escuchadas o tocadas y no se prestan a ser descritas con palabras que, por escogidas que sean, nunca acertarán en dar una noción exacta del hermoso ambiente poético contenido en esta música…”

 

Bibliografía:

Clara Janés, “Federico Mompou. Vida, textos y documentos.” Fundación Banco Exterior, 1987.

Santiago Kastner, “Federico Mompou” Consejo Superior de Investigaciones Científicas , 1950.

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Enrique Granados, Goyescas: “Quejas o la maja y el ruiseñor”

Escrito por entre88teclas en Granados, Enrique

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Enrique Granados nació en Lérida en 1867 y murió en un desgraciado accidente a bordo de un barco británico en el canal de la mancha cuando éste fue torpedeado por un submarino alemán el 24 de Marzo de 1916. Estudió con Juan Baptista Pujol y con Felipe Pedrell. Fundador de la Sociedad de Conciertos Clásicos en Barcelona y de la Academia Granados.

Entre sus obras destaca la serie Goyescas. Se distribuyen las piezas en dos cuadernos y un número independiente “El Pelele”. Los títulos son: Los Requiebros, Coloquio en la Reja, el Fandango de Candil, Quejas, o la maja y el ruiseñor, El amor y la Muerte y el Epílogo (Serenata del Espectro).

Goyescas, “La maja y el Ruiseñor”

Sobre Goyescas, en una carta dirigida a Joaquím Malats, Granados había reseñado: “Goyescas es el pago a mis esfuerzos por llegar; dicen que he llegado. En Goyescas he encontrado toda mi personalidad; me enamoré de la psicología de Goya y de su paleta, por tanto de su maja, señora; de su majo aristocrático, de él y de la duquesa de Alba; de sus pendencias, de sus amores, de sus requiebros. Aquel blanco rosa de sus mejillas, contrastando con las blondas y terciopelo negro con alamares… aquellos cuerpos de cintura cimbreante, manos de nácar y carmín posadas sobre azabaches; me han trastornado, Joaquín. En fin tu verás si mi música suena a color de aquel”.

Con Quejas o La Maja y el Ruiseñor, se cierra la primera parte de la suite Goyescas, para piano.

Todo es nostalgia, melancolía y dolor en esta pieza, que posee un carácter de relato íntimamente sentido y de diálogo con un pájaro que, al final, será protagonista en un piano onomatopéyico de difícil ejecución y logro. Resulta difícil admitir que este auténtico “lied” esté inspirado en una canción popular (1) que Enrique Granados escuchó a una jovencita en las afueras de Valencia, pero éste es un dato cierto que añade al valor intrínseco de la página el ejemplo de cómo tratar bien un elemento folklórico que en este caso el compositor hace suyo, muy suyo.

La partitura nos indica un elocuente “Andante melancólico” al comienzo. Ya desde el principio, y sobresaliendo entre la interesante y trabajada trama polifónica que utiliza cuatro voces o líneas contrapuntísticas, se destaca la apasionada melodía, que canta y canta sin verse perturbada nunca por los arabescos múltiples que quieren arroparla con sus personalísimos grupetos de fusas, semifusas y mordentes. No menos importante e interesante será todo el desarrollo, en el que la fantasía del músico parece como desbordarse de los límites expresivos de un alto contenido romántico. Todo está medido –de dos en dos o de cuatro en cuatro compases- y puede decirse, que la suma de estos pentagramas podría ser consecuencia de lo que contienen sus dos únicos primeros compases.

La progresión de elementos repetitivos será asimismo algo fundamental de estas Quejas, verdaderas lamentaciones que, en la escena (recordemos su transformación en ópera), Rosario canta en el jardín de su casa embelesada por el gorjeo de un ruiseñor. Después de la rítmica El fandango del candil y del dramático Interludio orquestal, no podría esperarse algo más bello que estas idealizadas y aisladas “Quejas o la maja y el ruiseñor” que, siempre, conmueven fuertemente a todos lo que las escuchan. Es por otra parte, una escena de amor sentida y comunicada en la emoción, no de un dialogar verdadero, sino de una muy íntima confidencia de una mujer y un ruiseñor, que la comprende en sus trinos y la consuela con ellos.

El lamento, que puede ser muy íntimo, puede también desbordarse en el estallido intenso de lo dramático, de lo realmente trágico. Y todo esto ocurre en La maja y el ruiseñor, entre la omnipresencia de quien se queja –conturbada por muy tristes augurios- y quien desea unirse primero a su dolor, para finalizar con sus trinos tristes, insistentes, rápidos, hasta su alada desaparición.

El manuscrito, en el cual Granados no arma la clave con sus alteraciones propias, lleva una única fecha al final: Barcelona 16 Junio 1910. La obra está dedicada a Amparo, su esposa.

El texto de la canción popular que inspiró a Granados, es el siguiente:

Una tarde que me hallaba

En mi jardín divertida,

Oí una voz dolorida

Que un pajarillo cantaba.

Y a mi como me gustaba

Del pajarillo la voz,

Seguí su paso veloz

Oí que estaba cantando

¡Ay! Y en el árbol del Amor

Bibliografía: Antonio Iglesias, “Enrique Granados (Su obra para piano)”, Ed. Alpuerto, Madrid, 1986.

(1) Link: partitura de canción popular.

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